martes, 7 de enero de 2014

Al encuentro de los temporeros con Cáritas Jaén

Al encuentro de los temporeros con Cáritas Jaén 07 enero 2014 | Por Jose Luis Al encuentro de los temporeros con Cáritas Jaén Todas las noches, en plena campaña de recogida de la aceituna, salen grupos de voluntarios y voluntarias por las calles de la ciudad de Jaén, provistos de mantas y termos de leche al encuentro de las personas inmigrantes llegadas a la ciudad en espera de un jornal con el que seguir tirando. Cuando los olivares se tiñen del frío que anticipa el invierno, la ruta de los temporeros llega a Jaén. Vienen de la vendimia riojana y de la huerta navarra y probarán suerte en la fresa de Huelva después, cuando no quede una aceituna por recoger. A medida que se abren los albergues y comienzan las primeras labores en los olivos, se intensifica el goteo de inmigrantes que llegan a la distintas poblaciones jienenses. Este año, como en anteriores, los dispositivos que ofrecen alojamiento no dan abasto. Su estancia está limitada a unas pocas noches, con idea de que los temporeros no paren la búsqueda constante de un contrato, verbal la mayoría de las veces, que obligue a su empleador a facilitarle una vivienda. Muchos se resisten a pasar por estos servicios, prefieren un lugar seguro, por precario que sea, donde guardar sus cartones y otras pertenencias, que disfrutar temporalmente de las atenciones proporcionadas por el personal de los albergues y luego tener que volver a ponerse a buscar un hueco en la calle. Cáritas Diocesana lleva ya años organizando la campaña de atención a los temporeros de la aceituna. En la ciudad de Jaén dispone de un comedor, el de San Roque, que da 200 comidas al día, de un servicio de desayuno y aseo, además de un albergue que abre cuando el municipal se queda sin sitio. Pero también se ocupa de encontrar voluntarios que en grupos realicen las visitas nocturnas a los inmigrantes que pasan las gélidas noches al raso. La madrugada de los sábados, los encargados de las salidas nocturas son los jóvenes de la Parroquia de San Juan Bosco y los miembros de la HOAC de Jáen. Lola Contreras es una de los 10 voluntarios de los sábados que el pasado 30 de noviembre, se encontraron con unos 170 inmigrantes que pernoctaban en cajeros, en el ferial y en otras zonas a duras penas techadas… «Se te cae el alma a los pies cuando ves a trabajadores, cada uno con su historia, pasando frío, aguantando como pueden», dice. Aunque la actual campaña olivarera va a ser de las grandes, según las previsiones, la vuelta de los trabajadores nacionales, está mermando las oportunidades para los inmigrantes temporeros, quienes, a pesar de todo, no desesperan. «Estan acostumbrados y siguien haciendo la ruta que hacen desde hace años», comenta Lola. «Más que una taza caliente o las mantas, agradecen el rato de conversación, la posibilidad de entablar relación con los vecinos… Les sorprende la red humanitaria y la cantidad de voluntarios que hay en la provincia, aunque no es todo lo completa que debería, está más organizada que en otros sitios», apunta. La noche del domingo es para los voluntarios de la Institución Teresiana y del Colegio Cristo Rey. Juan Cózar, miembro de la institución fundada por el Padre Poveda, es parte de esa cuadrilla. El 1 de diciembre salieron con cinco mochilas, doce termos y varios paquetes de galletas, que resultaron a todas luces insuficientes. Aquella noche había 10 personas esperando para entrar en el albergue municipal, doce más, dando vueltas a su alrededor y unas 80 asentadas en sus cercanías. Vieron a más de 150 temporeros y les llamó la atención la presencia de entre ellos de un nacional de Almería. «Vimos a un hombre mayor de 71 años de edad», exclama Cózar, quien añade que «va en aumento el número de personas de edad avanzada. Dormir en la calle para ellos está suponiendo un riesgo mayor». Otra de las voluntarias de aquella fría y húmeda madrugada comenta, «por mucho que hayamos hecho esto otros años, no dejan de impactarnos las condiciones en las que están, pero lo que más me impacta es el buen humor que tienen muchos pese a la vida que llevan». Experiencia hecha oración Juán Cózar Es casi la una de la madrugada y acabamos de finalizar la salida de este domingo. Salimos voluntarios de la Institución Teresiana, de la Parroquia de Santiago y este año también del Colegio Cristo Rey. Acabo de asistir a la segunda Eucaristía de este domingo. La primera fue esta mañana soleada de domingo. Apenas me daba cuenta de las palabras de Cristo: «Tomad, comed, es mi cuerpo. Tomad, bebed, es mi sangre». Esta noche he asistido al contacto con ese Cuerpo, con esa Sangre de nuestro Señor. Hemos recorrido cajeros, llenos esta noche, entre el frío y la lluvia de Jaén. Hemos compartido conversación, hemos conocido rostros y nombres de Mali, de Benin, de Senegal, de Marruecos, de Argelia, de Jaén… Se ha acabado la leche de los termos de Cáritas y hemos ido a las casas a calentar más. Hemos dejado a Cristo tras la cena con los discípulos en el huerto. Orando al Padre… «Si es posible, pase de mí este cáliz». Hemos llegado al albergue y se ha iniciado el despojo de las vestiduras y hemos escuchado los clavos entrando en las manos del Señor, del Maestro: a la puerta estaban bajo la lluvia dos inmigrantes acostados bajo una manta. Uno de ellos con 71 años: «Señor mío y Dios mío»…, he reconocido que era Cristo al tocar la llaga, la entrada de los clavos en su carne. No podíamos remediar tanto dolor y desamparo en ese momento. Al lado los aparcamientos del edificio de la policía local con las chapas cubriendo los coches…, nuestros hermanos bajo la lluvia con dos escasas mantas. Les hemos dado leche caliente que a mí me ha sabido a hiel y vinagre. Hemos bajado, al túnel del ferial y allí hemos pisado el Gólgota: hacinadas entre cartones y mantas había más de 70 personas, unas al lado de las otras. Casi en la más completa oscuridad, hemos entrado en contacto con ese Cristo que se nos ha mostrado en plenitud: «Es mi cuerpo, es mi sangre». Cristo estaba en el dolor de cada uno de esos hermanos, en cada una de sus quejas y sus agradecimientos. Hemos acabado agotados de ver tanto dolor. Y en casa al calor de la mesa camilla, solo puedo rezar, y rezar: «Señor mío y Dios mío». Como Tomás, al ver y tocar las llagas del Señor, he aprendido dónde y cómo seguir celebrando esa segunda Eucaristía. Estábamos viendo al mismo Cristo en Cruz y era imposible no llorar…, como Juan, Magdalena, María. No hemos podido bajar a nadie de esa cruz. Solo hemos podido compartir un rato de su dolor. Y ser conscientes de que una vez más en las fronteras de nuestra sociedad, allí donde apenas estamos, porque no sabemos ni cómo estar, está Cristo dejándose acompañar… Cristo se nos ha regalado esta noche una vez más. Cristo se ha hecho presente en sus llagas más dolorosas, en sus hermanos más desheredados. Cristo nos sigue mostrando un estilo, un modo de estar, un modo de seguir caminando, que quizás implique cambios en mis rutinas. Le doy gracias por este grupo de creyentes con el que he compartido la noche. La comunidad sigue respondiendo. «Tomad y comed, esto es mi cuerpo. Tomad y bebed, esto es mi sangre». Sigo en oración… VER ARTÍCULO EN LA WEB DE LA HOAC

miércoles, 28 de noviembre de 2012